Mi hijo no quiere comer: Qué suele estar pasando y cómo acompañarlo?
- Daniela Vanderlucht
- 6 ene
- 2 Min. de lectura
“Mi hijo no quiere comer” es una de las preocupaciones más comunes que escucho en consulta. Y es totalmente entendible. Como madres y padres, la comida se vuelve sinónimo de cuidado, de salud y de bienestar. Por eso, cuando un niño come poco, rechaza alimentos o parece no tener interés por alimentarse, es normal que aparezca la preocupación.
Lo primero que quiero decirle es esto: En la mayoría de los casos, que un niño no quiera comer no significa que algo esté mal.
El apetito infantil no es constante. Hay etapas en las que comen mucho y otras en las que casi no lo hacen. Días en los que parecen no parar y otros en los que apenas prueban el plato. Esto suele estar relacionado con su ritmo de crecimiento, su nivel de actividad, su etapa de desarrollo e incluso, con cómo se sienten emocionalmente.
También es muy común que los niños prefieran alimentos conocidos y rechacen otros nuevos. No porque sean “difíciles”, sino porque están aprendiendo a reconocer sabores, texturas y olores. Para muchos niños, la comida nueva genera desconfianza, y eso forma parte de su desarrollo normal.
Otro aspecto importante son las rutinas. En ocasiones, sin notarlo, los snacks muy frecuentes o muy cerca de la hora de comer hacen que el niño llegue sin hambre a la comida principal. No es falta de voluntad, es simplemente que su cuerpo ya se siente satisfecho.
El apetito infantil cambia por fases del desarrollo, y esto es muy común entre los 1–5 años, cuando el crecimiento es más lento y el hambre puede disminuir sin que haya un problema de salud. |
Entonces, ¿Qué suele ayudar cuando un niño no quiere comer?
🍽️ Mantener horarios relativamente estables para comidas y meriendas
💛 Evitar la presión es clave. Forzar, rogar o negociar con la comida suele aumentar el rechazo y la tensión en la mesa.
🥦 Ofrecer variedad sin obligar. Que el alimento esté presente ya es un paso importante, aunque no lo coma ese día.
🧠 Recordar que el adulto decide qué se ofrece y el niño decide cuánto comer.
Acompañar la alimentación infantil no se trata de que el niño coma “perfecto”, sino de construir una relación sana con la comida, sin miedo ni culpa. Cuando hay una adecuada ganancia de peso y altura, energía durante el día y bienestar general, muchas veces lo que más necesita el niño no es que lo presionen, sino que confíen en su proceso.
Si aun así siente que la situación le genera mucha preocupación, que las comidas se han vuelto muy tensas o que necesita una guía más personalizada, no tiene que hacerlo sola/o.
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